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Cuentas africanas & Collares

La Historia de la Colección Turkana

COLECCION TURKANA

Siempre me ha encantado viajar y el viaje de mi vida me ha llevado a muchos lugares, a menudo muy lejos de mi España natal.
En 1990 acepté un contrato de profesora en Nairobi, Kenia. Como recién llegada a África, aproveché muy agradecida, la oportunidad de explorar esta fascinante parte del mundo. Siempre que tuve la ocasión fui de safari a uno de los parques nacionales. Después de un tiempo, sin embargo, comprendí que Kenia ofrecía mucho más que una exótica vida animal en grandiosos paisajes. Quería hacer el máximo de mis dos años en el país, y quería un poco más que sólo rozar la superficie, quería involucrarme en otros aspectos de la vida de Kenia. Una de las cosas que más me gustan cuando viajo a otros países es visitar los mercados locales, así que a los mercados me fui.

Estaba sola en Kenia y moverme de manera segura por allí no era fácil para una mujer blanca. Mi manera de tratar el tema era no atraer demasiada atención. Tenía un coche muy viejo y andaba mucho. Vestía de manera muy sencilla, siempre con mi gran cesta (kiondo). De esta manera pude ir de mercado en mercado sin ningún problema y sin que nadie me molestara nunca. Por razones de seguridad me mudé a un pequeño estudio en el centro de la ciudad, muy cerca del mercado central. Pronto empecé a pasar prácticamente todo mi tiempo libre en los mercados, yendo cada tarde después de la escuela y cada fin de semana. Aprendí a tejer y coser cestas así como a hacer otras artesanías locales.

Un día encontré una asombrosa cuenta de cristal, transparente, amarillacea con un punto turquesa en el interior. Dependiendo del ángulo del que le daba la luz, la cuenta cambiaba de amarillo a verde limón, a color turquesa. Estaba totalmente intrigada y la compré. Sabiendo que las cuentas viajan en África, estaba segura de que alguien había vendido esa cuenta en el mercado para obtener algún dinero. Esperaba encontrar más cuentas como aquella y seguí mirando día tras día y encontré una y otra, y otra….hasta que finalmente tuve suficientes para hacer un collar.

En aquellos años, debido a las luchas políticas de la región, mucha gente de países como  Etiopía, Somalia y Yemen pasaban por Kenia y como resultado los mercados kenianos estaban llenos de insólitas y atractivas cosas. Encontré unas preciosas cuentas de plata para combinar con mis cuentas amarillas-verdes-turquesas de cristal.

Las cuentas se convirtieron en mi pasión. Gasté casi todo mi sueldo en ellas. La gente de los mercados me conocía y me reservaban cosas, sabiendo que las pagaría al final de mes cuando recibiera mi sueldo. Desarrollé también un profundo interés en la historia de las cuentas así como un más amplio interés por el continente. Compré todos los libros que cayeron en mis manos en tiendas y museos. Un día, encontré en uno de esos libros la descripción de esa primera cuenta amarilla-verde-turquesa que me había intrigado tanto. Databa de 1.750, hecha en Bohemia, facetada a mano y llegada a África para el comercio de esclavos.
CUENTAS DE AMBAR

Hoy en día cuando pienso en mis cuentas africanas, un nombre viene directamente a mi mente, y este nombre es Wmololo. Wmololo es un hombre Akamba, de Machakos, un vendedor de cuentas y el mayor experto conocedor de cuentas de Nairobi. Cuando le conocí tenía un puesto en el antiguo mercado de la ciudad y pasaba los días pacientemente sentado en su taburete. Iba a visitarle cada día y me sentaba en un bajo taburete cerca de él y pasaba horas hablando con él. Cuando encontraba una cuenta de la que no sabía nada se la llevaba a Wmololo. El me explicaba que tipo de cuenta era, si era antigua o nueva, el valor que tenía y me aconsejaba sobre si comprarla o no. Wmololo se convirtió en mi profesor y en un honesto amigo. Aprendí de él no sólo sobre cuentas sino también sobre otros muchos aspectos de la vida de África.

Un día Wmololo me preguntó: ¿ por qué andas siempre tan rápido? Supongo que mi rápido andar era una manera instintiva de protegerme. Pero no quise embarazarle y decirle que me sentía insegura en algunas partes de Nairobi y del mercado y que mi paso rápido era una reacción ante eso. Así que le contesté que siempre me faltaba tiempo. Me miró y contestó: Cuando Dios creó el mundo, un día creó el cielo, un día creó la naturaleza, un día creó el hombre, un día creó los animales. El último día creó el tiempo y el tiempo es infinito, entonces ¿Por qué corres siempre ?. Esta es una de las muchas lecciones que me enseñó  Wmololo y es una lección que nunca olvidaré.

Así que mi COMPRANDO CUENTASvida en Kenia fue todo sobre naturaleza, sobre su gente y sobre mi fascinación por las cuentas. Esta fascinación me llevó al contacto con vendedores de cuentas. Los contactos se transformaron en muchas amistades personales pues me presentaron a sus familias y amigos.
Era un tiempo difícil para África, especialmente para la región. Decidí que quería que mi arte fuera un homenaje a aquella gente a quien respeto profundamente, de quien aprendí tanto y que han estado involucrados en largas guerras.
Las cuentas de mis collares estarían encontradas en diferentes lugares, originarias de  países varios, abrazándose en una simbólica expresión de mi esperanza de que un día las gentes de África serían como hermanos y habría paz en todo el continente. Así tiene ámbar de Sudán, Nigeria y Somalia y al lado quizá malaquita de Tanzania o antiguas cuentas de cristal de Europa próximas a ébano , hueso de vacuno, semillas y cuentas de huevo de avestruz y corteza de coco, plata de origen Berebere o de Etiopía o de Yemen...
Este fue el principio de mi Colección Turkana.ESCOGIENDO CUENTAS


En 1991 visité a mi hermana que estaba viviendo en Washington, DC, y le enseñé mis primeros collares que estaban entonces aún por terminar. Le gustaron tanto que me animó a llevarlos al Smithsonian Museum of African Art en Washington, DC. Tímidamente fui allí medio esperando que me rechazaran. Sin embargo, la gente del museo se impresionó tanto con los collares que me compraron algunos. Días después volví con los collares terminados.

Esto fue una gran inyección para mi confianza. Decidí empezar un pequeño negocio haciendo y vendiendo collares de mi Colección Turkana. No sólo podría ganar un poco para mí sino que además, procediendo todos los materiales de África podría emplear gente localmente y de esta manera devolver algo a la comunidad.ESTUCHE DE CORTEZA DE ARBOL

Necesitaba estuches para guardar y proteger los collares.  Un tejido de corteza de árbol me pareció interesante. Conocí a Husna Said, una mujer Nubia maravillosa de Kibera (uno de los barrios mas pobres de Nairobi). Ella hace ahora estos estuches para mí.
Mi conexión con Wmololo sigue: su hijo hace los cierres de plata para mis collares y también los alfileres. Luego está Little Joseph, un Kikuyu que es único en encontrar cuentas y el hilo especial que uso para mis collares. Los artesanos de cestas del pueblo de Kitui usan este hilo especial reciclado de viejas ruedas de camión para coser sus preciosas cestas, es muy difícil encontrar este hilo en otro lugar.

Además de emplear gente y comerciar con ellos, a través de los años he encontrado otras formas de contribuir, apoyando una escuela en el pueblo de Uthiru cerca de Nairobi y posteriormente implicándome en un proyecto escolar de niños de la calle en Maseru, Lesotho.

Ha habido veces en mi vida en las que he tenido un buen empleo y he hecho dinero por un tiempo, otras veces en que he estado sin trabajo, las ventas de los collares muy bajas y yo preguntándome como iba a pagar mis facturas. Pero el tamaño y la cantidad de mis contribuciones no importa tanto pues sé que incluso un poco puede hacer una gran diferencia en las vidas de la gente de África a quienes conocí y quienes tocaron mi corazón. Se lo debo y hago lo que puedo, siempre.

 

© 2001-2011 Amelia Herrán - Turkana Collection